(A las Señoras y chamaquitos que provistos de cuadernos y bolígrafos, para tomar apuntes, visitan durante las vacaciones navideñas el Museo Nacional de Antropología del Distrito Federal)
La esquizofrenia, que se ocupó en definir el viejo Freud, también conocido como “paladar de platino”, a causa de su adicción a la cocaína, es una enfermedad de la mente que se caracteriza porque el sujeto que la sufre tiene el alma escindida… es decir, es un dos en uno, como los que se utilizan para la limpieza doméstica, el doctor Jeckil y mister Hyde, si nos vamos al cuento de Edgar Allan Poe.
Su discípulo y contrincante Wilhem Reich, amplio el tema y llegó a considerar que toda una sociedad puede también padecer dicho mal.
Me dio pie para comenzar esta refracción (no todo van a ser reflexiones cuando de luces se trata: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del prisma con que se mira…” de Ramón de Campoamor) unos videos que me envío una amiga sobre una entrevista a uno de los candidatos a las presidenciales de por allá, y una pregunta que le hicieron sobre los tres libros que más le habían influido en su vida.
What is a book? ¿Se come?
No, se lee…
¡Mierda! No traje anteojos…
Para que vean que el que suscribe si es leído, y continuar con el tema de la esquizofrenia, una pareja escritos por cabos alemanes: “Mi lucha”, del cabo Adolfo, que mejor se podía haber quedado por siempre con esa graduación, aunque reconozco que es uno de los libros más amenos y de acción que he conocido, y “Las opiniones de un payaso”, del cabo Enrich Böll, experto en deserciones en bicicleta para ver a la familia y Premio Nobel.
¿Quién ha leído al suizo Euler? Dudo que ni Einstein. Lo mismo que la recta de los números imaginarios, que permite el cálculo vectorial, sus libros deben ser producto de “Una pesadilla antes de Navidad”, como la de Tim Burton.
Y, para rizar el rizo, un cuarto libro: Los murales de Diego Rivera en el Palacio Presidencial, tienen pocas letras y muchos colores, y describen mejor que cualquier texto impreso la historia de su país.
Como ya estaréis ahítos de mazapanes a estas alturas del festejo no os empacho con más palabras.
Chao, chao, bambina…











